5 días bajo el volcán de La Palma

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Un domingo cualquiera, al despertar de una reparadora siesta para curar un buen madrugón, entro en Twitter y leo una noticia que se esperaba en los últimos días, un volcán ha entrado en erupción en la isla canaria de La Palma.

Cojo el portátil y busco vuelos para llegar hasta allí, es un acontecimiento que cualquier fotógrafo atraído por los volcanes como yo, no querría perderse. No ha pasado ni una hora desde la noticia y ya tengo reservado mi vuelo, la madrugada del martes saldré hacia allí, aunque tenía presente que quizás el vuelo podría sufrir retrasos, cambios o anulaciones. Un riesgo que asumía conscientemente y siempre podría tomar la decisión de no viajar, si lo consideraba demasiado arriesgado.

Ahora quedaba el resto de detalles de la logística; estudiar bien la zona y pensar en la estrategia para moverme. Decidí que lo mejor era alquilar una furgoneta que me diera la autonomía para desplazarme, situarme en los lugares más interesantes y utilizarla como campamento base en el que tener alimentos y dormir en los puntos clave. No ha sido cómodo, pero a la larga ha resultado muy práctico. Ya habrá tiempo de dormir cómodamente en un colchón a la vuelta a casa.

También llevé conmigo mi elementos identificativos como periodista acreditado y algunos de autoprotección como mascarillas FFP2, gafas de seguridad y una máscara especial para gases peligrosos por si la atmósfera se complicaba.

Explosión con piroclastos al llegar la noche. Canon R5 + Canon 100-400 II

Ya en La Palma, recojo la furgoneta y me desplazo hacia la zona. El primer contacto con el volcán fue bastante rápido, tras unas laderas pobladas por pinos canarios, emergía un pequeño cono volcánico expulsando rocas a gran altura a la izquierda de la carretera, mientras unos curiosos lo contemplaban usando unos almacenes como atalaya. Al detener la furgoneta, llegó la primera contradicción de la visita, porque para mí no había nada más que ese nuevo volcán, pero a la vez un vecino pintaba la terraza de su casa como si no pasara nada tras de él. 

A partir de ahí, esta dicotomía se repetirá en varias ocasiones. La lava del volcán se desplazaba ladera abajo y sumergía bajo sus candentes materiales decenas de casas, cuyos habitantes tuvieron que abandonar rápidamente provocando un drama social. Por otro lado, la mayoría del resto de los habitantes de La Palma y los turistas que se encontraban allí continuaban con su vida, contemplando el desarrollo del volcán como parte de su agenda diaria.

Como fotoperiodista podía plantearme el trabajo en dos direcciones. Centrarme en el drama de esas personas, un tipo de imágenes con el que no estoy familiarizado, que requiere de un saber hacer y una sensibilidad especial para fotografiar de cerca a alguien que está sufriendo y creo que no tengo, o poner mi teleobjetivo apuntando hacía el volcán, para documentar su evolución y comportamiento, unido al entorno donde había surgido. 

Enseguida vi que había bastantes medios gráficos entrevistando y fotografiando a los damnificados y comprendí que una cámara más no iba a aportar nada nuevo a esa labor, por lo que me decidí por fotografiar el volcán desde lejos y fuera de las zonas donde trabajaban los equipos de emergencia, para evitar cualquier molestia que pudiera suponerles. 

Canal de salida de lava
Nueva boca del volcán con salida de canal de lava

Tras cuatro días en La Palma estas son mis apreciaciones:

Poniendo por delante mi solidaridad con los afectados, les deseo desde aquí todo mi apoyo por sus pérdidas materiales y esperando que reciban rápidamente la ayuda del Estado, como ya se lo he ido diciendo a todos con los que he compartido algún rato durante mi estancia. Es duro escuchar sus realidades, necesitan todo nuestro ánimo.

Voluntarios y trabajadores de El Paso  recogen las donaciones
Voluntarios y trabajadores de El Paso recogen las donaciones para los damnificados. Canon R5 + Canon 24-105

También es encomiable la labor que están realizando todos los profesionales y voluntarios que están trabajando en la prevención y ayuda, algunos en situaciones muy comprometidas. No tenía intención de hacerlo público, pero a raíz de algunos comentarios que recibí en las redes sociales, diré que aunque dormía solo 3 horas, después de trabajar, algunos momentos los dediqué a ayudar a los voluntarios con la organización de la ropa y barriendo la ceniza de la acera de los edificios de Servicios Sociales, ancianos y almacén de ayuda para evitar accidentes.

Erupción del Volcán a cámara lenta

El volcán parece tener dos vidas extrañamente diferentes. De día es un enorme elemento gris, que arroja grandes piedras entre la humareda y cuyo rugido queda eclipsado por los sonidos de la actividad humana, mientras que por la noche su alma parece transformarse al ser visible el rojo incandescente de su lava y piroclastos que vuelan cientos de metros, a la vez que sus explosiones son las protagonistas del sonido ambiente.

La ceniza cubre las superficies creando situaciones peligrosas para los viandantes. Canon R5 + Canon 24-105

No es agradable ver como un volcán hace desaparecer la casa de alguien. Pero sí es asombroso ver un volcán en erupción. Es increíble como desplaza todo ese material minuto tras minuto, hora tras hora y día tras día sin parar con una fuerza que hasta ahora no imaginaba que fuera posible. Mirarlo es casi hipnótico, ver fluir la lava de noche, como lo hace una surgencia de agua en la montaña, es sobrecogedor.

El cono volcánico ha emergido a media ladera. Los materiales caldentes se aprecian a su alrededor. Canon R5 + Canon 100-400

El magma del interior de la tierra estaba sufriendo unas fuerzas que lo han hecho emerger y seguirá brotando hasta volver de nuevo a un equilibrio estable. Esto ya ha pasado muchas veces aquí y lo seguirá haciendo en un futuro, solo hay que ver un mapa aéreo de la isla para localizar sus conos volcánicos que la crearon, algunos realmente gigantescos.

Cada vez vivimos más alejados de la naturaleza y son estos eventos los que nos hacen darnos cuenta de la fragilidad del ser humano. La fuerza de los elementos nos dan un tortazo de realidad cuando se produce un huracán, una granizada, una inundación, un tsunami o como en este caso, emerge un volcán en una zona poblada. Parece que nunca vamos a darnos cuenta de que vivimos en una falsa seguridad y aunque es duro, al igual que las generaciones anteriores los sufrieron, nosotros o las generaciones siguientes, lo sufrirán también. Pero ¿cómo mentalizarnos para vivir con ello?

De La Palma me llevo algunos buenos momentos en compañía de otros fotógrafos y las conservaciones con los vecinos de la isla. Les debo otra visita en un futuro cercano.

La columna de lava ha engullido ya más de 600 edificios. Canon R5 + Canon 100-400

Durante mis días allí muchos fotógrafos me consultaron por la isla. La situación en la zona es muy dinámica actualmente y cada día todo puede cambiar, además de que se pueden suceder momentos de riesgo impredecible. Puede ser necesario disponer de plazas en hoteles para los desplazados, los aeropuertos pueden quedar inutilizados por la ceniza y las plazas de ferry pueden ser necesarias para los profesionales que se desplazan a ayudar desde otras islas.

Es mejor esperar un tiempo a ver si se estabiliza y tal vez se de la circunstancia de que se pueda visitar la zona con toda la gente atendida y más calmada la zona, seguro que el dinero que aporten los visitantes será de gran ayuda para los negocios de La Palma.

¡Mucho ánimo y apoyo para todos los habitantes de La Palma!

7 comentarios en “5 días bajo el volcán de La Palma”

  1. Vuelo el martes hacia la palma, teníamos el avión antes de que todo esto sucediera, alguna recomendación? Algún lugar desde donde poder fotografiar con seguridad el volcán? . Gracias por tu relato.

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